El enjuague bucal tiene dos claros defensores

6 de Junio de 2014

El enjuague bucal tiene dos claros defensores: los que usan un vaso de agua y los que se rompen el cuello bebiendo del grifo. Hay múltiples variantes (enjuague con ron, con escupitajos de otros, no-enjuague,...), pero no las trataremos aquí por su carácter minoritario.

El enjuague con vaso parece, a priori, el más cómodo y el que menos riesgos conlleva, pero hay que fregar. Y eso duele. El enjuague "a lo salvaje" pone a prueba la flexibilidad del cuello y la espalda y hay probabilidades, con el tiempo, de que nos genere lesiones irreversibles en la columna vertebral y las rodillas. Esta última frase es mentira.

Por suerte, ahora tenemos algo intermedio: el Rinser. Sí, un vulgar cepillo de dientes con un orificio que permite la canalización del agua y crea una fuente parecida a las que pueblan los parques, con la salvedad de que funciona.

Esto puede suponer el final de la guerra de enjuagados en la que estamos inmersos desde hace un tiempo, o por lo menos una tregua. Enfundad vuestros cepillos, soldados
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